¿TIENES UN PROBLEMA? ¿UN QUIEBRE? 3 VÍAS PROMETEDORAS PARA SOLUCIONAR PROBLEMAS

3 vias prometedoras para solucionar problemas. Imagen cortesía Pixabay

Hoy es miércoles, un día común y corriente, tengo que llegar a la oficina a las 7:00am. Salgo al trabajo después de bañarme, vestirme y mirarme al espejo que tal quedo y  antes de salir, reviso que lleve los documentos para la reunión con mis colaboradores. Y mientras voy al trabajo en el auto, por la mente me pasan imágenes de problemas que tengo que resolver, unos de mayor preocupación y otros que no son importantes -probablemente no los veo como problemas-.

Al llegar con suficiente tiempo, antes de la reunión. Mi secretaria me informa que los términos del contrato que venía manejando con uno de los principales clientes de la empresa, fue rechazado por mi jefe- y sin la firma de ese contrato mi puesto está en riesgo-. En forma inmediata y automática, esto me produce angustia. Mi cara cambia de color y me pongo tensa.

Con este problema imprevisto y la reunión encima, delego algunas tareas, mientras puedo dar respuesta al jefe, apenas avance la reunión.

¿Y que haces cuando ingresas al grupo?

Saludo

¿A todos?

Si a todos…no, para ser sincera saludo a algunos con más dedicación que a otros.

Este es el relato de Adriana una coachee (cliente), líder de procesos, que comenta como su rutina diaria moldea su destino.

Si nos damos cuenta, ella al describir la experiencia no hace referencia  a lo que observa, escucha o siente mientras hace el recorrido a su trabajo. Lo que relacionaré más adelante como despertar sentidos.

Y otro elemento importante, es cómo reacciona en automático a la ruptura de su rutina. Que podemos llamar “problema” o “quiebre”. Y lo que relacionaré más adelante como despertar sentido.

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La diferencia entre el concepto de “problema” y “quiebre” es, que el problema es la ruptura de una rutina pero que le sigue una explicación negativa —y esto genera  una emocionalidad igualmente negativa de temor o angustia— , y en el quiebre además, de la ruptura de la rutina, hay una declaración* consciente del observador. Haciéndose cargo de la situación como oportunidad.

Un problema no es sólo la diferencia entre una situación actual y una situación deseada —que generalmente alberga una insatisfacción—.

Esto se debe a que tenemos la tendencia automática de clasificar como problema a cualquier suceso que niegue o se oponga a lo que deseamos, debemos o podemos.

Operamos como observadores cuando diferenciamos, desde todos los sentidos. —Y esta es la propuesta con este blog—.

La diferencia entre despertar los sentidos y despertar sentido, es que la primera se refiere a que desarrollemos la sensibilidad suficiente para percibir un umbral más amplio del cotidiano y la segunda nos referimos a la capacidad de encontrar significado a la experiencia. Es la diferencia entre “percepción” e “interpretación”.

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La percepción opera siempre en el “aquí y el ahora” en forma autónoma y busca la concordancia con lo que se siente y se piensa en un  momento dado. Si queremos ampliar nuestras posibilidades podemos ensayar nuevas acciones. Es natural y  espontanea.

La interpretación puede estar matizada con juicios u opiniones, es más mental que orgánica. Se puede interpretar un problema como situaciones que existen “afuera”, en forma “objetiva”. Y esto generalmente, nos pone en posición de víctima y tendemos a culpar a otros.

En general, el inconveniente es considerar los problemas como independientes de las personas, esperando que las cosas ocurran.

La interpretación también puede darse desde el observador al considerarlo como un quiebre.

Y en esta forma de interpretación nos posicionamos como protagonistas o responsables para hacernos cargo. Si no nos vemos a nosotros mismos como protagonistas de un quiebre, tampoco podremos ser parte de la solución.

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Lo que para unos es un problema puede que para otros no lo sea. Cuando tenemos carro, puede ser un problema que tengamos un neumático desinflado. Pero para el taller de montallantas es una oportunidad.

Para ampliar la perspectiva o el observador, podemos salirnos y ver cualquier situación desde afuera. Distanciarnos. Es ver el bosque aunque no veamos los árboles.

Es un cambio de perspectiva el que nos dará más información o más alternativas.

En forma metafórica, cuando vas a comprar un carro, lo miras por todos lados, lo mismo hacemos cuando conversamos con otras personas para ampliar las miradas sobre alguna situación.

En un seminario que dirigí sobre habilidades gerenciales ofrecido a directivos de empresas, escuché la gran diferencia de perspectivas: a unos les gustaba las actividades interactivas para poner en práctica un tema y otros lo veían como algo superficial. Lo llamaban “jueguitos”; por supuesto, que esto era producto de sus juicios y opiniones particulares.

“Cuando juego no pienso, sólo actúo”  Pete Sampras

Cuando decimos algo de “algo”, lo que decimos habla más de lo que somos que de ese “algo” de lo cual hablamos.

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Hay dos formas que ponemos en marcha para enfrentar un problema: buscamos todas las explicaciones posibles de este asunto y por otro lado, hacemos todo lo posible por reducir, olvidar o eliminar el estado de ánimo displacentero que nos invade.

Lo que sucede es que la emoción o el sentimiento nos invaden sin que lo hayamos invitado y la explicación surge sin que la hayamos escogido.

Esto que sucede en las personas,  también sucede en diferentes grupos, sea empresas o familias.

Hay personas o empresas que perciben que una situación es otro problema más que agrava las cosas, y hay otras que perciben el cambio como una posibilidad.

El saber diferenciar entre un rol de víctima y uno de protagonista es fundamental, pero la gran dificultad surge cuando no logramos precisar el problema

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Te pondré un ejemplo, de cómo podemos re-definir un problema.

Natalia, una coachee (o cliente) me contaba que entre sus grandes problemas que tenia era la presión del tiempo. No me precipité a preguntarle desde cuando, ni quien la presionaba, más bien le pregunté sobre lo que para ella significaba ser presionada y allí fuimos directo al punto. Mientras me relataba se dio cuenta que su gran dificultad no es que necesitará más horas para producir un resultado, sino que tenia gran dificultad para decir “no”.

Entonces, aquí la pregunta que se hacía Natalia era incorrecta y por ello no encontraba una solución. Ahora la pregunta que ella comenzaba a formularse, era: ¿A qué cosas puedo decir no?

Así como es dificultoso definir un problema, igualmente puede suceder en las distinciones del mundo emocional.

Hay 2 estados emocionales que parecen estar de moda en las conversaciones sobre los problemas de la vida cotidiana, me refiero al estrés y la depresión.

Estos serán temas para otro post.

Por ahora, compartiré 3 vías para recorrer el camino más prometedor para solucionar los problemas o quiebres, y el estado emocional que traen consigo.

 

1.Hacerse más preguntas.

El poder de las preguntas radica en que es posible cambiar la mirada de nuevos caminos. Las llamadas preguntas poderosas, nos invitan a revisar las percepciones, si estas están bien formuladas.

Tanto en la consulta privada en sicoterapia, como en los talleres grupales para empresas, las preguntas despertarán curiosidad y ayudarán a focalizar el tema de trabajo e identificar los propósitos a lograr.

Algunas preguntas claves para hacernos cargo

¿A que desafío me enfrento?

¿Qué fue lo que hice?

¿Qué objetivos buscaba al hacer lo que hice?

¿Qué intereses o compromisos previos han sido afectados por el quiebre?

¿A quien puedo pedir ayuda?

¿De que herramientas puedo valerme?

Éstas por citar algunas

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2.Captar oportunidades

Las oportunidades pueden aparecer ante nuestros ojos y no las vemos. La mayoría de las veces las dejamos pasar, porque creemos que llegan de afuera. Por ejemplo, quedarse sin trabajo a simple vista no es una oportunidad, pero la puede ser para que tu desarrolles tu propio negocio.

Toda empresa que nace y crece, existe por que alguna persona vió una oportunidad en las situaciones que otros viven como problemas.

Para captar oportunidades necesitamos estar muy presentes con una atención plena (mindfulness) y tener la mente abierta, libre de opiniones personales.

Cuestiona con amabilidad y respeto tus formas de percibir la realidad.

 

3.Aprender de los cambios

Para aprender a resolver problemas debemos experimentar ciertos cambios.

Aprender es desde luego una forma de cambio, un cambio de la mirada del observador.

Aprendemos cuando aumentamos la capacidad de realizar acciones efectivas, dentro de un determinado dominio, haciéndonos cargo de la insatisfacción.

Cuando nos hacemos cargo de la insatisfacción, en última instancia buscamos aliviar el sufrimiento.

Una vía de resolución de problemas, es hacer del aprendizaje algo gratificante.

Todos sabemos lo que sentimos cuando descubrimos algo nuevo, sea un lugar viajando, experimentando amor por una persona nueva en nuestra vida o desarrollando una habilidad.

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Todo lo referente al movimiento corporal puede proporcionarnos esas sensaciones placenteras, sea haciendo ejercicio, haciendo el amor o sentir una caricia, por nombrar algunas.

En los seminarios cuando aplico herramientas de teatro podemos generar unas sensaciones diversas y este descubrimiento puede despertar dolor o alegría, o cualquier otra emoción de forma orgánica, sin necesidad de programar el pensamiento.

No solo trabajamos en el saber que (información) sino también,  en el saber como (generación de acciones efectivas).

Cuando incrementamos las competencias para la acción, las personas adquieren poder y expanden las posibilidades. Sin embargo solo se puede considerar aprendizaje cuando hay recurrencia, es decir permanece en el tiempo, se ha incorporado lo aprendido, es un aprendizaje transformador.

 

“No existe transformación organizacional sin transformación personal”

E. Deming

 

Un abrazo

 

Álvaro D. Cardona M.

 

*Declaración: Es un acto del lenguaje mediante el cual, un declarante con autoridad para hacerlo, estipula una identidad. La declaración es generativa, genera mundos o realidades. Constituyen un lenguaje del poder.

Acerca de Alvaro

Psicólogo Clínico desde el año 1997 en la Universidad San Buenaventura de Medellín y estudios de postgrado en psicología clínica con énfasis en salud mental en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín 2001. Con experiencia en docencia universitaria de 14 años. Actualmente consultor independiente en coaching personal y Ejecutivo. Terapeuta de orientación Humanista
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