Las emociones negativas y el teatro terapéutico

Las experiencias que tenemos en los grupos con ejercicios de teatro y expresión corporal y verbal sobre lo que nos va sucediendo en el mundo emocional, nos facilita una comprensión autentica de lo que acontece en el mundo psicológico de los participantes.

¿En qué aporta el teatro, la expresión oral y las dinámicas de grupo al rendimiento de un grupo que tiene unos retos concretos por alcanzar en una empresa?

Cuando en un grupo facilitamos que se genere un ambiente de confianza y creatividad permitimos que se evidencie lo más natural y espontaneo. Aquí afloran  emociones positivas y negativas.

Quiero en este artículo centrarme en las diferentes emociones negativas que se mueven en un grupo y sus participantes, ya que son las que presentan mayor resistencia. Especialmente cuando estamos en un grupo laboral, poco se invierte en estos espacios de crecimiento, que no apuntan directamente a la productividad y es precisamente allí, donde se requiere que los consultores y sicólogos entremos a explorar la realidad y las diferentes percepciones que lleva cada miembro y cómo impactan ese grupo.

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¿Qué es lo que más se oculta en un grupo? Podríamos decir sin equivocación que las emociones negativas.

Abordaré las que considero son más visibles.

La ansiedad que se evidencia en el miedo. La ira que se inmiscuye en la formas de relacionarnos agresivamente o al contrario, soterradamente. La depresión que escondemos, porque no queremos que nos vean decaídos. El sentimiento de abandono o soledad y la sensación de fracaso, cuando se recibe una realimentación negativa de un grupo o jefe por la “ineficacia” de nuestras acciones.

Hay líderes que no saben que hacer cuando emergen estas emociones negativas en uno o varios integrantes de un grupo y es precisamente en estos momentos en que se pone a prueba la capacidad del líder para apoyar y confiar el potencial creativo de los integrantes.

El miedo.

Muchas actitudes en el trabajo, pueden generar miedo: la amenaza de un jefe o un compañero, el no saber sobre un tema o no tener las habilidades destacadas que se espera de un cargo. Se tiene miedo a quedarnos sin trabajo y aunque esto nos da el impulso para producir más, también nos aleja del disfrute de esta labor o de no poder realizar un sueño aplazado que nos genere riqueza material, que no tiene que ver con el trabajo actual.

Desde pequeños aprendimos estas reacciones de miedo y por tanto la dificultad de expresar lo que sentimos por temor al castigo. Además, no sabíamos como nombrar ese malestar interno porque no nos enseñaron a identificarlo.

IMG_0764El temor actual más frecuente, a diferencia de nuestros ancestros, no se refiere a los monstruosos dinosaurios (que eso se arregla huyendo), sino a la presión y tensión en la relación que tenemos con los otros. Aquí hay que aguantar o buscar alguna estrategia de protección adaptativa y eficaz para que no aumente la angustia.

La angustia y ansiedad tienen como base el miedo. Tenemos mayor ansiedad cuanto mayor es el riesgo y menor la seguridad de realizar los deseos.

En el teatro terapéutico buscamos que se propicie un despertar emocional en los participantes y del mismo público. En este espacio creativo no juzgamos, sino que nos reímos del miedo y la angustia.

La tristeza

Cuando aparece la apatía, el aburrimiento y la desgana la podemos notar fácilmente en algunas situaciones, pero en otras se puede confundir con un problema médico como la depresión o anemia. También la debemos diferenciar del miedo o la ansiedad.

Si hay una pérdida, un fracaso o un desengaño aparece la tristeza, sencillamente porque esto nos aleja de nuestros deseos y aspiraciones de bienestar.

En estos momentos de tristeza, tenemos dos opciones: Buscamos estar solos, en este caso sería una soledad buscada para aclarar la confusión de ideas y meditar. En otros, buscamos compañía o nos volvemos “hiperactivos” para desahogar el dolor que nos atraviesa y mantener la mente distraída.

Cuando la soledad aparece sin buscarla, se nos impone y esto si exige de nosotros una actitud diferente: La aceptación, dejarla fluir y observarla.

La tristeza reclama su lugar en la escena y esta nos muestra la poética corporal que puede desplegar un mundo imaginario lleno de sabiduría y locura creativa.

El fracaso

En la actualidad, son muchas las personas que evalúan lo que han hecho y se califican así mismas, refiriéndose a algún empleo o profesión como un “fracaso”, por no haberlo puesto en práctica como lo deseaban. Este sentimiento de fracaso, puede estar reforzado constantemente por la cultura, que valora más, a quien posee más.

Afortunadamente hay otros que se reinventan, se replantean nuevos caminos y comienzan de nuevo otro proyecto.

Generalmente preferimos huirle a cualquier aspecto negativo de la vida, tratando de curarlo con pensamientos positivos, placer, dinero o diversión, y con esto seguimos generando más sufrimiento, pues el principio Taoista nos evidencia claramente que la vida es maravillosa y al mismo tiempo temible. La felicidad y la desdicha se entremezclan en un Ying y un Yang.

El encarar el sufrimiento es algo que se aprende y podemos aceptarlo con dignidad, aplomo, silencio y coraje que nos permitirá integrarlo en la vida. Transformar el sufrimiento en paz y liberación se puede lograr con una práctica disciplinada de meditación budista, así sea individual o en grupo. La filosofía Budista es uno de los “mapas” más eficaces que conozco para transitar el sufrimiento, pero no debemos quedarnos con el mapa, sino hacerlo práctico, real y soltarlo para disfrutar del camino.

En el teatro terapéutico trabajamos estas emociones para transformar la percepción de la  realidad. El miedo a la aprobación externa, el miedo a expresarnos honestamente, y el miedo a la competencia, se pone en escena con pleno disfrute. Ya no es necesario el control de las reacciones de alarma en el cuerpo.

La tristeza puede ser vivida poéticameIMG_0758nte como una oportunidad de reelaborar los significados de lo ocurrido. Y el fracaso lo provocamos. No le huimos. Disfrutamos de él para distanciarnos y no identificarnos con sus nocivos efectos.

Poniendo en escena cualquier emoción y situación, por muy incómoda que sea, nos abre una caja de sorpresas interna llena de recursos que no habíamos visto antes. En la escena exploramos los profundo y lo banal, nos abrimos a compartir con los otros las frustraciones y las satisfacciones de la vida.

“Lo mejor que uno tiene en la escena es el otro” Jorge Eines

 

Un fuerte abrazo

Álvaro D. Cardona M.

Acerca de Alvaro

Psicólogo Clínico desde el año 1997 en la Universidad San Buenaventura de Medellín y estudios de postgrado en psicología clínica con énfasis en salud mental en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín 2001. Con experiencia en docencia universitaria de 14 años. Actualmente consultor independiente en coaching personal y Ejecutivo. Terapeuta de orientación Humanista
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